miércoles, 6 de mayo de 2015

Edulcorantes: ¡evítalos como la peste!



Sabemos que quienes usan edulcorantes artificiales tienen mayor tendencia a aumentar de peso incluso que aquellos que endulzan con azúcar; las razones obvias de esto se explican por el mayor antojo por consumir carbohidratos y, debido a la resistencia a la insulina que provocan, predisponen al almacenamiento de grasa. Por supuesto, esto aplica a los diabéticos, quienes han sido inducidos a consumirlos en la creencia que les ayudará, cuando en realidad los va deteriorando poco a poco como tantos hábitos que contrarían la fisiología.

Aunque no nos gustan los experimentos con animales, consideramos que nos degradan en nuestra humanidad y los desalentamos, no podemos soslayar los resultados de un trabajo que ya ha sido realizado en la Facultad de Medicina de Rio Grande do Sul; en el mismo, un grupo de ratas fue alimentado con yogur endulzado con aspartamo, sacarina o azúcar, además de su alimentación habitual, durante tres meses. De acuerdo a los investigadores en una publicación en la revista Appetite:

“Los resultados demostraron que la adición de la sacarina o el aspartame al yogurt resultó en aumento de peso en comparación con la adición de sacarosa, sin embargo la ingesta calórica total fue similar entre los grupos.”

“Este mayor aumento de peso era promovido por el uso de sacarina o aspartame, en comparación con la sacarosa y este aumento de peso no estaba relacionado con la ingesta calórica. Creemos que lo que podría estar involucrado es una disminución en el gasto de energía o aumento en la retención de fluidos.”

Está claro que este, como todos los ingredientes alimentarios que generan patrones antifisiológicos, promueven un metabolismo ineficiente que deriva en malestar y enfermedades innecesarias. Nuestro cuerpo no reconoce estos engendros sintéticos y no puede metabolizar sus moléculas de la misma manera que lo haría con las de una manzana, un tomate, un huevo o un pescado; lo expresa el Dr. Joseph Mercola:

Los aminoácidos en el aspartamo literalmente atacan sus células, incluso cruzan la barrera hematoencefálica para atacar a las células cerebrales, creando una sobreestimulación tóxica llamada excitotoxicidad, similar a la del glutamato monosódico.



¡Universos de Bendiciones para que cada día que pasa vivas mejor! :-)

Pablo de la Iglesia