miércoles, 26 de febrero de 2014

¡Eres AGUA!


“Cuando el aporte de líquido es insuficiente, la sangre tiene un peso específico más alto y los productos tóxicos de desecho del metabolismo celular se evacuan de manera imperfecta. Por tanto, el organismo se intoxica con sus propias excreciones, como si dijéramos, y no sería muy inexacto decir, que ello ocurre porque no se ha asimilado líquido suficiente para disolver esas materias perjudiciales que las células mismas fabrican.”

Alexander Bryce (Las Leyes de la Vida y la Salud)

El agua, su calidad y consumo suficiente, es un pilar imprescindible que no debe descuidarse en cualquier plan de salud inteligente; nuestra estrategia puede ser muy buena, pero si no prestamos atención a este punto, la misma puede fracasar a pesar de nuestros mejores esfuerzos.

El ser humano está compuesto por un 70% de agua, nuestro planeta la posee en la misma proporción; es necesario que el agua que necesitamos para vivir y gozar de buena salud sea suministrada en forma y calidad suficiente. Este es un saber establecido y sin embargo no tomamos conciencia de la importancia que este dato tiene para nuestro bienestar; realmente, si lo hiciéramos, muchas enfermedades serían más benévolas y otras tantas podrían prevenirse.

Las infinitas reacciones bioquímicas de nuestro cuerpo deben llevarse a cabo en presencia de agua; hay una ley en biología que sostiene que “las células de todo ser vivo no pueden vivir en otro medio que no sea el acuático”. Nuestras células están rodeadas de líquido y nuestra atención debe estar puesta en reponerlo y mantenerlo libre de excesos tóxicos.

El agua es esencial para la vida y de su cantidad y calidad depende nuestra salud. Los nutrientes y los desechos se transportan en el medio líquido, estructura nuestro cuerpo, hidrata los tejidos, lubrica las articulaciones, es vital para el buen funcionamiento de nuestro cerebro y miles de funciones más que debemos tener en cuenta para evitar que nuestra máquina orgánica se deshidrate.

Aunque esto varía según nuestro estilo de vida, necesitamos reponer aproximadamente unos dos litros de agua todos los días como una de las bases de un buen programa de salud natural. Tengamos en cuenta que la reposición de líquidos no solo ocurre cuando bebemos, sino también cuando comemos alimentos ricos en agua, es decir, frutas y verduras; de esta modo incorporamos además nutrientes esenciales y el agua pura y biológicamente vivificante; en este punto también suman los jugos de frutas o las infusiones herbales con efectos medicinales y tónicos.

Pablo de la Iglesia
Naturópata


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viernes, 21 de febrero de 2014

El ajo y el cáncer



Sin lugar a dudas el ajo es uno de los alimentos con más propiedades medicinales que existen e incluso las evidencias lo vuelven un peso pesado en la lucha contra el cáncer, sea en la prevención o, en el marco de una estrategia integral, el tratamiento del mismo.

Algunas investigaciones han determinado que menos de un diente de ajo al día reduce el riesgo de cáncer de próstata en un 50%, y disminuye significativamente el riesgo de contraer cáncer de estómago, cáncer de esófago, cáncer de mama, y cáncer de colon.

También se ha verificado que cuanto mayor es la cantidad de ajo crudo o cocido consumido menor es el riesgo de cáncer de estómago o colorectal. En el estudio prospectivo europeo sobre cáncer y nutrición (EPIC), una investigación que involucra a hombres y mujeres de 10 países diferentes, vinculó un mayor consumo de la cebolla y el ajo se asociaron con un menor riesgo de cáncer intestinal.

Un estudio francés verificó que el aumento de consumo de ajo, cebolla y fibras, iba hermanado a una reducción estadísticamente significativa en el riesgo de cáncer de mama.

Algo muy importante a tener en cuenta es que la capacidad del ajo para combatir el cáncer depende de la forma en que este se prepara. En la cocina, la mejor manera de mantener las propiedades anticancerígenas del ajo es picarlo o triturarlo, y luego dejarlo reposar durante al menos 10-15 minutos antes de ser consumido en crudo o cocido.

Al romper el ajo se liberan compuestos de sulfuro de alilo que luchan contra las enfermedades y si lo calentamos inmediatamente después de cortarlo se inactiva una de las enzimas más cruciales para que este benéfico proceso ocurra; en razón de ello, tradicionalmente se han recomendado variedades de ajo añejado o macerado. Incluso, si cocinamos el ajo a un fuego suave incluso hasta 10 minutos después de picarlo, estos benefciosos compuestos no se destruirán.

¡Universos de Bendiciones para que vivas cada día mejor!

Pablo de la Iglesia
Naturópata


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