lunes, 10 de marzo de 2014

¿Dientes sanos, huesos fuertes?


Otro elemento que se le adiciona al agua potable y es sumamente cuestionado por algunos especialistas es el flúor; la honestidad intelectual me dice que debo compartir esta información con el lector para al menos dejar abierto el beneficio de la duda, que en mi caso va tomando color de certeza a medida que pasa el tiempo y escucho más y más voces en contra.

Charles Eliot Perkins, uno de los químicos industriales más reconocidos de Estados Unidos,  fue contratado por el gobierno después de la Segunda Guerra Mundial con el propósito de ayudar en la absorción de la alemana ‘I.G.Farben’, un gigante dentro de la industria.

En una carta que Perkins enviara en 1954 a la Fundación Lee para la Investigación de la Nutrición, en Wisconsin, dice lo siguiente:

“...ideólogos fanáticos, que respaldan la fluorización de las reservas de agua, nos dicen que persiguen como fin la reducción de la caries dental infantil. La credulidad del público es la responsable de la actual distribución de agua artificialmente fluorada  y esto lo digo clara y decididamente, la verdadera razón oculta tras la fluorización del agua no es la salud de los dientes de niños.”

“Si esa fuera realmente la razón, habría otras posibilidades mas fáciles, económicas y mucho mas eficaces de llevarlo a cabo. La verdadera razón para el tratamiento del agua es la de reducir la resistencia de las masas contra la dominación y el control y la pérdida de libertad. En la parte posterior del hemisferio encefálico izquierdo existe un área pequeña responsable de la fuerza del individuo para resistir contra la dominación.”

“Repetidas dosis mínimas de fluoruros reducirán después de cierto tiempo y poco a poco la fuerza del individuo para resistir contra la dominación mediante el envenenamiento y la narcotización paulatinos de dicha parte del cerebro. La consecuencia es la incapacidad de tomar decisiones para si mismo. ¡Esto hace que se sea manipulable!”

“Digo esto con toda la seriedad y sinceridad de un científico que lleva casi 20 años investigando en la química, bioquímica, fisiología y patología de los fluoruros. Toda persona que tome agua artificialmente fluorada durante un año o más, no volverá a ser la misma nunca más, ni síquica ni físicamente.”

Incluso hay informes patrocinados por el gobierno de los Estados Unidos que han concluido que los niveles de flúor presentes en el agua potable pueden causar un mal funcionamiento de la tiroides.

"Un nivel bajo de hormona tiroidea pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiacas, colesterol alto, depresión, y, en mujeres embarazadas, la disminución de la inteligencia de los hijos" dijo Kathleen Thiessen, uno de los científicos que participó de estos estudios.

Lamentablemente, de acuerdo a consideraciones de destacados científicos designados por el National Council Research (NCR), la exposición a los altos niveles de flúor presentes en el agua, implica que muy fácilmente un ciudadano promedio será intoxicado con niveles muy por encima de lo aceptable. Además, el informe concluyo que los niveles de seguridad establecidos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de aquel país, establecidos en cuatro partes por millón, son demasiado altos.

En Argentina la fluoración artificial del agua de consumo, con la excusa de proteger la salud dental en la infancia, está determinada por la ley nacional 21.172 del año 1975; paradójicamente establecida durante una dictadura militar con fuerte sesgo represivo.

Debemos destacar que el flúor es una sustancia de riesgo cuya distribución en el agua, aunque se respeten estrictamente las normativas, no puede garantizarse en forma homogénea; es decir, aún no mediando negligencia, muchos consumidores pueden estar expuestos a sobreexposiciones aún por encima de los niveles tóxicos admitidos por las autoridades.

Esto, que al lector puede sorprenderle, es conocido hace tiempo; al punto que en países como Bélgica está prohibido su uso y en algunos sitios, como la Región de Bio Bio en Chile, la movilización ciudadana ha logrado que la fluoración deje de utilizarse.  Los únicos países desarrollados que fluorizan más del 50% del agua son Estados Unidos, Australia,  Irlanda , Israel, Malasia, Nueva Zelanda y Singapur; la mayor parte de Europa no adiciona flúor y sin embargo su salud bucodental es incluso mejor que la de los norteamericanos.

Pablo de la Iglesia
Naturópata


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